
Por: María Elsa Molina
Él le decía a su musa
Mí niña que me hace volar con los pies desnudos
Mí mariposa, eres piel de ángel, algodón de nube
Eres espíritu bueno con vos me siento niño de nuevo.
Eres lo más dulce en mí vida
Eres paraíso en la tierra
Eres boca de poema
Eres pechos de cerezas y de palacios celestiales.
Mí boca de ángel, la que me cubre con sus alas, cumbre de Everest aquí en la planicie, pan del cielo.
Ella le decía mí hombre dios, mi bebé grande, mí amor a lo profundo del océano me fui y te encontré a vos perla hermosa, quiero besarte y que se beses sentirte otra vez.
Él le respondía: eres niña buena e insuperablemente dulce.
Pero un día ella lo dejó, le dijo el mundo es un pañuelo te he descubierto engañandome y se fue con sus alas rotas y aprendió a volar.
El regreso y la buscó y la busca siempre por qué no puede olvidarla y jamás podrá, por qué ella es como la noche en el mar que no tiene sueño.
Qué hago si no te olvido, qué hago con mis labios si me piden tus besos, que hago con mis manos que anhelan tocarte.
Ella le respondió: aprender a volar cómo lo hice yo.
Lo amaba, pero se amaba más.
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